Biblioteca fundamental
Biblioteca fundamental; como formar un lector.
Introducción al Proyecto
Desde hacia algún tiempo había pensado en la posibilidad de definir una biblioteca básica, una selección de las grandes obras literarias con proyección mundial. Una superantología que solo ocupase cuatro estantes de no más de un metro de largo, o en poco mas de 100 Mb en esta, su versión electrónica). Llegamos así a estos 101 títulos que corresponden a las más altas cumbres literarias pero que darán al lector que los conozca, la visión de toda la cordillera literaria. Desde esa estructura imprescindible se podrán llenar los valles a su gusto, pero ya desde la seguridad de dominar el centro. Y como saben todo geopolitólogo y aun los cabalistas, aquel que dominé el centro, dominará la periferia.
A la mayoría de la gente le suele parecer inalcanzable, inabarcable el conocimiento de lo literario. He visto palidecer a muchos cuando alguien empieza a hablar de autores o a citar libros. Precipitadamente imponen un cambio de conversación. Sienten que es obligatorio estar al tanto de los clásicos antiguos y los contemporáneos pero; ¿como situarlos, cómo conocer lo esencial en estos tiempos sin tiempo?
Hay que empezar por destruir la idea de que el universo de lo literario es inabordable. Estamos convencidos que, quien posea estos títulos, tendrá enseguida la recompensa de saber que puede ingresar con seguridad en un mundo que los profesores y críticos se han esmerado en siglos de arrogancia de transformar en terreno acotado.
Por allá de 1929 el escritor Hermann Hesse intentó una selección, que salió más bien desordenada, en un largo artículo donde no deja de ceder a esa tentación propia de todos los europeos: privilegiar desproporcionalmente su propia literatura, en este caso la alemana. Tiene en su merito el haber incluido las obras básicas del Oriente (él mismo se considero un "Peregrino de Oriente"). Desconoce con gran entusiasmo toda la literatura latinoamericana y toda la española posterior al Siglo de Oro. Ni Valle Inclan ni Miguel de Unamuno merecen consideración alguna. Cita solamente tres autores en español: Cervantes, Quevedo y Calderón (este ultimo más bien pareciera una superstición de los alemanes, por citar a Borges).
En 1950, hubo otro intento, el filosofo argentino Vicente Fatone, inolvidable persona, que fue despojado de sus cátedras por no obedecer al peronismo y prosiguió sus cursos privadamente en su casa de la calle Pampa. En esos cursos dominicales a daba una lista de libros fundamentales, sin omitir algunos textos religiosos y de filosofía. Pero un obstáculo a la practicidad era abarcar demasiado, y con demasiado respeto las culturas europeas, desconociendo prácticamente la literatura hispanoamericana o tratándola más bien como un hecho marginal; al mismo Borges lo consideraba coma un escritor apenas interesante (!!). Pero el gran merito de Fatone es el de haber vinculado los textos de la sabiduría religiosa y los literarios, exaltando lo literario, especialmente a los poetas, como la versión más honda de la cultura de Occidente.
Hace algún tiempo, intente la primera lista que fracaso silenciosamente. Desde entonces, en estos años, la he venido ajustando. Una lista de este tipo es de cometido es imposible si se pretende esto que llaman “rigor y seriedad”. Es solo posible si se hace con el espíritu de quien, tras algunos años de amor con a la literatura, anota los títulos que le parecen indispensables con la modesta intención de ponerlos en tus manos, como un amigo lector a quien lo ha pedido. Esta lista tiene esa intención.
Decidir por medio de la exclusión es una terrible tarea, conlleva tal margen de error como para hacernos sentir mal durante mucho, mucho tiempo. Pese a los profesores y sobre todo a nuestros estimadísimos críticos que viven de ella; la literatura no es una ciencia exacta. De ser así, todo quedaría reducido a la cantidad de errores que se cometieran para hacer una obra genial. Si de estos cien títulos, digamos unos quince fueran discutibles, me daría por contento, al saber que te llevas, en todo caso y pese a aquel, mi, tan considerable margen de error, la deseada "cordillera de altas cumbres" que muchas veces los especialistas dan por conocida mientras que los neófitos quedan perplejos.
Algunos criterios
A lo largo de las décadas, de los siglos, son pocos aquellos textos que logran sobreviven. Muchos de ellos agonizan por la tan consabida repetición académica de prestigios ya bastante agotados. Sobreviven aquellos libros donde el genio ha podido perdurar gracias bien a su lenguaje innovador o por el aporte de un conocimiento que las generaciones sucesivas seguimos necesitando. Mas que las ideas y los temas, dura la sabiduría y la belleza. Hay estilistas que siguen conmoviendo por su talento. El Satiricón me parece buen ejemplo a la mano, que encierra una desconcertante fuerza vital y pagana. Por otro lado la novela arriesga mas, fascina por su acercamiento a la realidad. Pero muere más rápido.
Al hacer esta lista nos topamos con grandes cadáveres que entorpecen el camino. Aquí nos atrevemos el arriesgo de saltar sobre varios cadáveres prestigiosos. No es petulancia más bien me atengo a una experiencia de lector. Así como Macbeth, Hamlet, los poemas de Catulo o Rebeláis nos dan la sensación de lo vivo, de una misteriosa actualidad, obras como la Fedra de Racine, el Telémaco de Fendon o los dramas de Schiller, nos resultan ya superados, lejanos, casi insoportables; pesadísimos.
Toda antología se basa en un sistema de valores, en un ordenamiento axiológico. En torno a cada libro tenemos que aplicar una serie de consideraciones que llevaran a la decisión final de incluirlo o no. La antología ideal seria la que incluyera a todos los libros o los elimina a todos. ¿Que consideraciones hemos tomado?: el estilo, el carácter, la originalidad literaria, la carga de sabiduría, el interés del tema y su vigencia, el valor documental testimonial, el ángel, esa gracia que sorprende al mismo autor.
Muchos libros pareciera que tienen pase automático, libros intocables como si estuviesen para instalados en una especie de burguesía los libros, y sin embargo cree,os que su prestigio debería de ser revisado, esta antología también requirió coraje.
Otros nos parecen textos plantados en nuestras culturas como nombres o símbolos indiscutibles, arraigados para siempre en nuestro destino. Tal es el caso del Tao Te King o el Quijote, más cerca, Rimbaud, se me ocurre Tolstoi.
Todo lector, e incluso esctritor de la periferia puede tener más coraje, o más libertad para el coraje, que un crítico o escritor instalado en una potencia literaria central. Queremos decir con esto —tal vez justificando la osadía, irresponsabilidad o bien un exceso de convicción— que un latinoamericano, como es el caso, puede tener una visión mas libre y cosmopolita que quien haya nacido en el centro mismo del prestigio. No nos podemos imaginar a un crítico francés haciendo esta lista sin que la mitad sean libros franceses. (Como referencia a la mano, en Paris allá por el año de 1959 los estudiantes de literatura apenas conocían un solo libro de Hesse, ninguno de Unamuno y no existía traducción alguna de Hermann Broch, que ya había sido publicado en Latinoamérica; alguna vez pensé que Paz o Sábato, por el estilo universal, abierto e ilimitado de su formación, podrían ser el paradigma de lo que debería ser un escritor europeo comunitario, con capacidad para aceptar todas las literaturas como propias. El arte y el pensamiento son globalmente valederos; ya no se explican las visiones parciales.)
Los hombres que vienen de la periferia tienen una visión más amplia, mas vinculada a otras literaturas. Borges, que era como un europeo expatriado en Argentina, o Nabokov, un eterno exiliado cuya patria misma fue la literatura misma, fueron los mejores y más agudos críticos literarios, precisamente por esa información universal. Es difícil encontrar un escritor europeo que tenga la formación de ellos o del brasileño Guirnaraes Rosa, que leía en quince idiomas, siendo a la vez uno de los mayores estilistas de la literatura brasileña de todos los tempos.
Las proporciones
Hay que aclarar que aunque esta selección se escribió teniendo en cuenta principalmente a los lectores hispanoamericanos, creemos haber procedido con prudencia. Hay diecinueve autores en lengua castellana, diecisiete en francés y diecisiete en ingles. Pienso que no es descabellado si tenemos en cuenta que, desde 1950 y hasta el fin del pasado siglo, la literatura iberoamericana, especialmente la latinoamericana, se define sin lugar a dudas como la más viva y creativa de nuestros días. Después del auge de la gran novelística norteamericana en las primeras décadas de la centuria, y del apogeo de figuras extraordinarias como Rilke, Kafka, Broch, Kavafis, Proust, Genet o Malcom Lowry, en todas las literaturas se instala una increíble decadencia creativa. Es como si la subcultura segregada por esta sociedad industrial-tecnológica hubiese demacrado eso que Marcuse llamaba "el Principio de Fantasía". El espíritu creativo aparece y se esfuma sin comprenderse bien sus razones sociológicas. La gran literatura rusa, que fue determinante para parte de nuestra cultura, se produce en treinta años de crisis y ruptura, sobre el fin de siglo. La literatura francesa reaparece con los grandes novelistas principalmente en el siglo XIX. La literatura norteamericana llega con Faulkner, Dos Passos, Thomas Wolfe a su culminación y se extingue en la década del 50 como un cometa apagado(atención con Philip Roth, genial excepción ).
Aunque prevalecen los autores de "Occidente", hay una apertura a ciertos textos de Oriente que el eurocentrismo integró muy tardíamente. La extensión y la intensidad son dimensiones a tener en cuenta. Como ya dije, tal vez los ochenta y un poemitas del Tao Te King sean más reveladoras que toda la novelística francesa. En todo caso la serie empieza con este libro y cerrara con el 101, que es una novela de Mishima...
Otro hecho a señalar es que el siglo XX se ve privilegiado en esta lista. Los libros envejecen, pierden actualidad, hay "clásicos" muertos en el silencio de las bibliotecas. Es necesario vencer algunas hipocresías. ¿Cómo permitir que Moliere desplace a Céline o Rimbaud? Además nuestro siglo, en casi todas las actividades intelectuales (excluyendo la mística), es de una creatividad asombrosa. En el campo de lo literario ocurrió algo similar al de la ciencia: si nos demoramos mucho en el pasado, por razones académicas o historicistas, corremos el riesgo de perder un fascinante panorama directamente ligado a la aventura espiritual de esta época de privilegio que nos toca vivir, pese a los sabidos horrores del siglo. Diría que la literatura ha sido ágora de un gran debate; de una ruptura cuyas consecuencias aun no comprendemos.
Cómplices
Así como el vicio del cigarrillo, como esa cosa del futbol, como las sectas religiosas, como el sexo o el hambre de una fe nueva, la literatura se desliza a través de los continentes, navega de ingacnita por el tiempo y burla todas las fronteras. Sobrevive con empeño a los profesores del liceo. Discretamente se sumerge casi en el silencio de los iniciados ante el fragor ramplón del negocio editorial y el bestsellerismo.
¿Cómo es posible que sobreviva algún género literario ante el tremendo impacto de la estupidización audiovisual difundida comercialmente urbi et orbe? Cine, televisión, el periodismo ilustrado, la radio. Sin embargo el libro, el laborioso libro, sobrevive. Lectores y autores forman una vasta sociedad secreta, o mejor dicho, silenciosa. El escritor, el poeta, apenas ponen los signos orientadores, la mitad del trabajo, el cincuenta por ciento de la realidad imaginativa, la otra renace con cada lector. Todo lector se transforma en cómplice, en autor. El resultado es un nuevo hecho del imaginaire la misma novela será distinta en cada lector. En esencia todo poema, todo libro, es una maquina para imaginar. Asi la misma cintura que imaginó Tolstoi para Anna Karenina será distinta en la imaginación, en la recreación de cada lector. Cada poema realmente vivido por el lector lo transformara a este en poeta. San Juan de la Cruz en su elevadísimo canto místico nos acercara un poco a ese Dios esquivo. (Dante conoce el mundo del más alla, el misterio, de la mano de su querido poeta Virgilio.)
En suma, en un mundo de sonoro silencio audiovisual, de masificación tecnológica y opinativa, de interesada desinformación política, la lectura, esa callada alianza de autores y lectores que no se conocen, quizá sea la verdadera garantía de toda posible libertad y democracia. El autor-lector y el lector-escritor Forman esa única "conciencia social reflexiva" de la que hablaba el sociólogo Pitirim Sorokin. existen lectores excepcionales que recrearon en su mente un mundo más rico, más basto que el pensado por el autor. El secreto de la pervivencia de la literatura es precisamente el de ser por esencia un hecho abierto, una realidad semicreada que los lectores completamos.
La novela y el siglo
El cine, la televisión, la subcultura y la cultura audiovisual, cambiaron decisivamente el curso de la novela para el siglo XX y en general los principios de la narrativa. Ya no es imprescindible informar a detalle, informar al lector hasta el color de los manteles o de la disposición de los muebles en cada cuarto donde personajes se sientan a dialogar intrigas, amarse o asesinarse.
La novela que algunos toman como moroso relato de una tía chismosa y groseramente detallista parece ya definitivamente cosa del pasado. Después de Faulkner, Lezama Lima, Nabokov, Broch o el mismo Borges; autores como Steinbeck, Vargas Llosa, Hemingway o Mann nos resultan convencionales, terriblemente envejecidos en su apego a lo real, a lo visual y transitivo de la vida, a lo mas superficial de la existencia. Hay algo infantil, algo de "tira cómica trágica" en su intento de pretender representar la vida desde esa narrativa plana consagrada por la novela francesa decimonónica.
La literatura en su máximo nivel expresivo se sitúa en un nuevo espacio cualitativo e invita al lector por caminos similares a los de la gran poesía. En este proceso existe un verdadero retorno a la maravillosa libertad cervantina y a la fantasía de las grandes figuras poéticas de Dante. Consiste en un verdadero renacimiento de la dimensión clásica y grande de la literatura.
Es como si el abuso de cine, la televisión y de nauseabundo bestsellerismo comercial, hubiesen hecho el "trabajo sucio" y liberar a la nueva novela de las cadenas de la narrativa detallista, del figuritísmo realista, del psicologismo fácil y de la curiosa pasión por repetir y reproducir y reproducir un mundo idéntico al que nos rodea, provocando con ello una superpoblación de seres imaginarios, mas o menos iguales a los que nos empujan en el ómnibus cada mañana.
El libro y la historia
Mallarme decía que "el propósito del mundo es un libro". Todo hecho, toda vida, todo pensamiento o descubrimiento, permanecerá en el patrimonio de la humanidad si queda escrito o expresado en obra (incluso en la oralidad, recordemos a los bardos, que aun existen y, no han cambiado mucho). Hasta los dioses necesitaban la palabra poética, la metáfora mística, la parábola. "En un principio fue el Verbo." Dice la Biblia; Dios creo el mundo nombrando sus entes. En este libro, la aventura del pueblo judío y la aventura del hombre en torno de la presencia o ausencia de Dios, no son más que las alternativas de un texto fundamental para la historia de Occidente. Pero también es un libro fundamental la enseñanza de Lao Tse, cuyos poemas son Dios mismo, más allá de su vida que fue incierta y probablemente mítica. El confusionismo son libros, Buda es su palabra, igual que el Corán, que es tan sagrado para sus creyentes que no puede tener traducción a ningún idioma y seguir siendo valida pues sus versículos han sido dictados por el arcángel Gabriel, en lengua árabe, directamente a Mahoma.
La historia de la humanidad como cumulo de hechos, experiencias, reflexiones, conocimientos, logros y desastres, no seria más que mera desmemoria. Una breve estela disolviéndose en el mar del tiempo, sin los libros. Los escandinavos, los vikingos, inventaron la democracia en el siglo IX, un verdadero record. Pero de nada les valió porque no supieron contarlo. La experiencia de la Asamblea vikinga nació y murió sin consecuencias entre aquellos hombres con cuernos en sus yelmos. Y como ya sabemos los franceses y los eruditos norteamericanos, se adjudicaron el record a su favor casi nueve siglos después, por no hablar de sus descubrimientos en America: no llevaban un poeta frustrado como Colón, qué escribía un minucioso diario, y no quedo registrado, o a un Américo Vespucio, que por cierto, esté, le robo el nombre del Continente al genovés por saber escribir mejor, o quizá por contar con el favor del publico snob y refinado de la época, la clase alta de Florencia.
Un ejemplo turbador en América es el pueblo maya, uno de los más creativos y eruditos. Se transformaron en un pueblo fantasma a partir del momento en que aquel desdichado obispo Landa ordenó, la quema de los códices; acabo cristianamente con los dioses, con la memoria del pueblo; los libros eran sus raíces. Fue sistemático. Semejó a la quema de una verdadera Biblioteca de Alejandría americana, donde se guardaba la existencia de los hombres y de los dioses de esos hombres. Al perder la palabra escrita ese pueblo perdió el ser, el soplo; y hasta el recuerdo de haber sido.
En este orden de ideas recuerdo a Heidegger que llega a afirmar que la palabra es "la casa del Ser".
Diríamos aquí que la literatura, es la casa de la palabra.
Los 101 títulos
Siendo fiel al número mágico de 101. Los títulos literarios predominan. Pero consideró imprescindible, para cumplir el objetivo de una Biblioteca Fundamental, recomendar algunos textos sobre la historia del pensamiento, no precisamente literarios, pero indispensables para comprender muchos aspectos de la literatura. Se podría entender la aventura de este siglo de ruptura y posibilidades sin una idea básica de Nietzsche, Freud y Marx?
Antologías
Se citan algunas antologías imprescindibles. Es la única forma de tener acceso a algunos poetas, a poemas definitivamente instalados en la cumbre del ingenio literario. En cada caso nombro aquellos poetas o poemas que se deben leer necesariamente. Sin embargo queda al lector, a su curiosidad, pasión o indiferencia, interiorizarse por los secretos valles de las tetras o seguir de largo.
Los Premios Nobel
Quizá sorprendan de ver excluidos o apenas nombrados a varios venerables Nobeles.
Existe una explicación. Creo que ese respetabilísimo premio es un reconocimiento de buenos escritores comprensibles para sus contemporáneos y su tiempo, pero que la mayoría de las veces no se percibe aquello excepcional o genial que requiere mucho más tiempo para ser digerido por el buen sentido literario general. Y es por esto que se explica que en este siglo se haya elegido a Sully Prudhomme en lugar de Tolstoi; y que no hayan sido premiados los mayores innovadores: Proust, Kafka, Lezama Lima, Unamuno, Joyce, Dylan Thomas, Nabokov o Borges
Nota
Aquel que desee llenar los cuatro estantes de un metro que abarca esta Biblioteca Esencial podría adquirir los libros según la numeración (arbitraria) que se da a esta centena de libros, o según el azar (el número que salga, como en una rifa de libros), o comprando alterativamente un texto de la antigüedad y uno contemporáneo. Estimamos que lo más importante es que consiga los títulos, en las ediciones lujosas o populares, según las posibilidades, y en el idioma original, si puede, o en la traducción que su librero le recomiende. Lo fundamental es tener los libros, familiarizarse con su presencia, e irlos leyendo con libertad y placer.
Sin concesiones y manteniendo las proporciones objetivamente, sin embargo me extiendo un poco mas en los comentarios del capitulo de literatura hispanoamericana, citando marginalmente los nombres mas importantes para los lectores en castellano.
Nota para la versión electrónica
He decido publicar esta biblioteca en este espacio, mucho antes de que salga como proyecto cultural, en asociación con algunas personas y organizaciones, en primer lugar, por que es mucho más fácil, y mas accesible el compartir información por este medio. Así en un esfuerzo por poner al alcance de sus manos, en las manos de todos los que gusten esta biblioteca, pondremos cada semana un titulo, con un comentario y breve reseña editorial, y si las condiciones lo permitiesen hacer un circulo alrededor de estos libros, comentarlos, enriquecerlos, arriesgarse mucho más allá de gustos personales.
Las traducciones aquí puestas son las que mejor hemos encontrado.
En teoría toda la biblioteca no debiese de superar los 100 MB.
Espero, pues, sea de provecho la biblioteca que abrimos, la estrenaremos la próxima semana. Cada miércoles es mi compromiso ir subiendo un libro, comentarlo, ponerlo a circulación.
Estado de ánimo: celebrativo
Escuchando: Joan Manuel Serrat - O ferro-velho



