3. REACCIÓN DE LOS EUROPEOS FRENTE AL "DESCUBRIMIENTO"
3. REACCIÓN DE LOS EUROPEOS FRENTE AL "DESCUBRIMIENTO"
Para el horizonte del pensamiento europeo, fue un gran reto integrar en la imagen de sí mismo y de su mundo la nueva y radical alteridad del "Nuevo Mundo". Por cierto, la tarea difícil consistía en vencer la angustia procedente de dos fuentes, a saber: miedo a lo completamente nuevo y temor a las diferencias, a la alteridad del otro, si se me permite el pleonasmo. Es sabido que normalmente esta angustia inconsciente produce agresividad. Esta agresividad —en el caso concreto del descubrimiento de América— se manifestó en forma de genocidio. Gracias a las investigaciones de Gerbi (1982), sabemos hoy que hasta un espíritu del calibre de Hegel fue víctima de curiosos prejuicios, rayando en lo grotesco. Lo mismo les pasó a Voltaire, Hume y Montesquieu. Estos grandes pensadores estaban convencidos de la inferioridad del "Nuevo Mundo". Sus racionalizaciones tienen diferentes matices. Citemos ahora sólo una frase de Hume (citado por Gerbi, 1982, p. 47):
"Hay motivos para pensar que las naciones que se encuentran entre los trópicos de Cáncer y de Capricornio son inferiores en comparación con los otros". Podemos citar, también, uno de los últimos artículos críticos de Bitterli (1984), donde opina: "Los europeos abordaron con prejuicios las viejas y ajenas culturas del nuevo continente. Lo vergonzoso del asunto radica en que se trata de un prejuicio negativo, es decir, lo ajeno se convertía en animal, mientras que para los indígenas lo ajeno se convertía en divinidad".
Buffon nos proporciona, a propósito de las ciencias naturales, el más conocido ejemplo de prejuicio, cuando postula la teoría de que los animales encontrados en América son degeneraciones. Según Buffon, existen motivos suficientes para pensar lo mismo de los habitantes de América. Es evidente, y hasta irrisoria, la creencia de bases científicas para sostener semejantes teorías. Otro ejemplo muy conocido de prejuicio es la postura tomada por el teólogo Juan Ginés Sepúlveda en sus disquisiciones respecto a la supuesta guerra justa contra los indígenas de América (1547). Incluso el tan alabado fray Bartolomé de las Casas estaba impregnado de una visión del mundo cristiano-medieval según la cual, en último término, existe una diferencia sustancial entre un bautizado y uno que no lo es. Esto lo ha señalado, con justa razón, Tzvetan Todorov (1982,1984). Entre los méritos de Todorov se encuentra el haber tenido la lucidez de mostrar que "uno de los más grandes problemas de nuestra época consiste precisamente en saber cómo debemos manejar la alteridad, sobre todo cuando están de por medio diferencias culturales básicas".
Evidentemente, como nos advierte Meile (1972), no debemos caer en la simplificación crasa de "imaginarse una coalición general y permanente de los colonizadores contra los colonizados". Sin embargo, no podemos olvidar que, a fin de cuentas, los europeos que se oponían a las ideas colonizadoras no tuvieron peso ante las mentalidades abrumadoramente expansionistas y colonialistas.
Estado de ánimo: imaginativo
Escuchando: Fernando Delgadillo - Julieta




