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La Tragedia Griega

 

La tragedia ática

 

La tragedia es un género literario que nace como forma original en Atenas, a finales del siglo sexto a.C., y que madura y se desarrolla durante el siglo V a.C. Como género literario vivo, termina al finalizar la quinta centuria, que fue la de mayor esplendor del genio griego. En ese periodo la tragedia es la expresión literaria por excelencia, y es sin duda la forma artística que mejor expresa el genio griego de la época y que más contribuyó a la unidad espiritual de la Atenas clásica.

 

En un sentido estricto, y atendiendo a su origen, la tragedia es un lamento por un dios que muere o que sufre. A través del tiempo toma forma dramática (escénico-teatral) hasta transformarse en un género original.

 

Tanto en lo geográfico como en lo temporal, es, pues, un género de límites muy restringidos; pero a pesar de haber surgido y haberse desarrollado en condiciones tan específicas, su influencia en la literatura universal no ha cesado nunca. En todas las épocas posteriores se han compuesto tragedias que, ya sea imitando el tipo griego o bajo formas que conservan la esencia dramática, aunque no sean escénicas (como por ejemplo el Fausto de Goethe). Son testimonio de un género que se cuenta entre las cumbres de la creación artística de la humanidad.

 

La tragedia se representaba en la primavera, durante los días de celebración del dios Dionisos. Tanto su forma como su contenido estaban estrechamente ligados al culto dionisíaco, por lo cual, como género, tuvo un carácter muy cerrado, que al madurar se convirtió en algo prácticamente inmutable. Para que comprendamos a fondo su objeto artístico y su significación, es necesario ver la tragedia en su contexto cultural, especialmente en, el aspecto moral-religioso. Aun en las formas clásicas más elaboradas, que corresponden al espíritu filosófico y moral más crítico de Eurípides, el género conserva su sentido religioso de celebración ritual a Dionisos.

 

 

Los orígenes

 

El ritual prehistórico del dios de la vegetación o demonio del año fue común a pueblos de las más diversas latitudes. Toda la religión mediterránea que los griegos encuentran al llegar a la Hélade, se basa en ritos similares.

 

Las civilizaciones más avanzadas de la antigüedad crearon después sobre esos cultos, otros dioses; originalmente Osiris, Adonis, Dionisos, Esculapio y muchos otros, no son sino espíritus de la vegetación. Es curioso notar que muy posteriormente, en la Europa central y del norte, los antropólogos y especialistas en el tema verificarán la existencia de rituales esencialmente iguales a los de la antigüedad, en comunidades de cultura también prehistórica. Sin embargo, teniendo en cuenta la importancia de la agricultura en la vida social de los pueblos primitivos, es fácil comprender que a falta de una explicación más racional, elaborarán ritos religiosos a la vida, maduración y muerte de la naturaleza.

 

Para los griegos, la concepción del espíritu del año era esencialmente igual que para los egipcios, romanos y normandos: el dios nace como fuerza desconocida; crece en poder y en belleza; vence, como símbolo de la vida y obtiene su pareja; luego comete un pecado de exceso, por lo cual transgrede la ley y como consecuencia de esto último debe decaer y morir.

 

Esta concepción vegetal, abarcaba el conjunto del ciclo vital, y por lo tanto al hombre.

 

En su sentido trágico, veían la vida como algo magnífico que crece y fecunda, pero que está predeterminado. A su vez la muerte no podía ser concebida por ellos más que como una consecuencia de la transgresión de la ley. De no haberse cometido algún pecado o error, la muerte (o el final trágico en el género que estamos estudiando) hubiera carecido de sentido. Pero esta visión moral del ciclo vital contenía además un elemento de salvación de perduración trascendente.

 

Así como el demonio del año muere para renacer, en la tragedia, el dios, héroe o el hombre heroico, renacerán también y perdurarán en el culto que el resto de los hombres les dediquen. Es decir, la acción heroica hará que el hombre sobreviva para la comunidad.

 

En las formas primitivas del culto al dios de la vegetación éste renacía efectivamente. Luego la victoria sobre la muerte se sublima con el triunfo del bien sobre el mal por la acción del héroe, cuya actitud vence a la muerte, renazca o no.

 

Hay pues valores que están más allá de la vida física particular, que se conquistan para la colectividad como enseñanza o conocimiento perdurable y que en la visión moral de los griegos derivaba en la elevación del hombre a la categoría de héroe o del héroe a la de dios que compartía el Olimpo, y cuyo culto era necesario para la comunidad por lo que su acción había significado para ella. Este triunfo sobre la muerte, es un aspecto esencial en la concepción trágica griega, sin el cual no pueden comprenderse las obras geniales de Esquilo, Sófocles y Eurípides.

 

 

El desarrollo del género

 

Dionisos no es un dios de origen griego. Su asimilación al Olimpo data del siglo octavo a.C. Es difícil admitir (como lo sugiere C. M. Bowra).[1] que su culto se haya introducido en el siglo séptimo, pues bajo Dracón, a principios de ese siglo, su rito estaba totalmente asimilado y tenía una importancia tal que de su culto se ocupaba el arconte basileus, uno de los funcionarios principales de la polis del Ática.

 

A Dionisos fueron incorporados ritos de deidades mucho más viejas, cuyo contenido hemos analizado más arriba. Le estaba consagrada la vid, y la vendimia era una de las ocasiones de celebración de su rito. Todo lo que tenía que ver con él, afectaba la sensibilidad y la intuición. Era el dios del éxtasis, casi antítesis de Apolo, que lo era de la claridad, de la inteligencia, de (a vida de relación humana en su hacer constructivo). A Dionisos se le celebraba culto público en los teatros (en la primavera y luego en el otoño) y culto secreto en los llamados misterios. El rapto extático colectivo, propio de las celebraciones primitivas, era quizá parte esencial de las celebraciones privadas que se hacían al dios en los misterios de la época clásica.

 

Es fácil comprender la importancia que como vehículo al éxtasis tenía en el rito el elemento musical (danza y canto). El coro de la tragedia clásica, que canta y que se mueve rítmicamente, es el elemento que conserva no sólo los elementos del culto religioso, sino también los elementos líricos que contenía el espíritu de la música y que primitivamente se expresaban en cantos y danzas orgiásticas.

 

Tanto en los ritos primitivos, como en la época clásica, comedia y tragedia son parte del mismo proceso. Así como ésta tiene características propias que difieren de las obras dramáticas producidas en épocas posteriores, la comedia era un género particular. La propia palabra encerraba un concepto diverso del que tenemos actualmente. Era, en esencia, una canción orgiástica que celebraba el triunfó del dios del año. En la comedia de la época clásica, el final, por lo general, era también una boda. La tragedia, como reverso del mismo proceso, era la representación de la muerte del dios; y en la pieza dramática, esa muerte no solía ser natural; sino un sacrificio.

 

En los ritos primitivos la supervivencia estaba sugerida por la acción de esparcir por la tierra los trozos de una cabra, que representaba al dios, y cuyo desmembramiento significaba su muerte en sacrificio.

 

Todos estos elementos, aunque tomen formas diferentes, están presentes en la tragedia clásica incluso en sus postrimerías, cuando los griegos ya no creían en las ideas religiosas que representaban.

 

 

El paso a la tragedia clásica del siglo quinto a.C.

 

El ditirambo, o canto a Dionisos era en principio una canción danzada improvisada. Ese carácter espontáneo tiende con el tiempo a fijarse, y a tener una acción mímica predeterminada.

 

A finales del siglo séptimo a.C., estas danzas corales ya estaban organizadas en suertes de coros dramáticos, donde la acción mímica y el contenido conceptual del himno tenían cada vez más importancia. Estos elementos teatrales tienen un avance cualitativo cuando el director se independiza como personaje y desarrolla una secuencia dramática en concierto con el resto del coro. Estas primitivas representaciones se fijan posteriormente en textos, que son los antecedentes más inmediatos de la tragedia clásica. De estos primitivos dramas nada se conserva, pero se sabe que en las fiestas a Dionisos se representaban en competencia desde finales del siglo sexto a.C.

 

Múltiples referencias nos hablan de cuatro autores de tragedias que fueron célebres antes de Esquito. Ellos son Tespis, Coirilo, Pratinas y Frínico.

 

Las tragedias atribuidas a Tespis, eran representaciones del nacimiento, boda y muerte del dios del año. Pratinas introdujo en Atenas el drama de sátiros, y compuso cincuenta tragedias. Coirilo aportó algunas mejoras en la indumentaria y el movimiento del conjunto coral, pero también era conocido por su especial habilidad para componer dramas de sátiros.

 

Frínico, es el antecedente más importante de la tragedia esquiliana; introduce algunos cambios, tanto de estructura como de contenido, que si bien son sólo tentativas, contribuyen al proceso de consolidación del género. El más importante de esos intentos es haber querido usar como base de su asunto trágico temas de origen histérico-heroico, cosa que no sólo elevaba en dignidad el carácter de sus obras y contribuía a hacerlas menos triviales que las de sus antecesores, sino que suponía la posibilidad de un análisis de la realidad humana que se salía de lo puramente religioso. Fue muy combatido por los elementos más conservadores de la sociedad ateniense y su intento quedó en el campo de la experimentación.

 

Hasta aquí, en lo esencial, la primitiva tragedia no parece haber salido del círculo de Dionisos y sus ayudantes los sátiros.

 

En el próximo post veremos a Esquilo y su obras.

 

[1] C. M. Bowra. Historia de la literatura griega. Fondo de Cultura Económica, décima reimpresión. México, 1977.

 

 

Estado de ánimo: preparativo

Escuchando: el rumor de la calle

 

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