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Johann Gustav Droysen

09/feb/2010::17:22 Shiranui.jp, Ensayos, Editorial

Johann Gustav Droysen:

Estudio de la hermenéutica vista desde la medicina en relación con la  Palabra

 

Johann Gustav Droysen (1808-1884) fue no sólo uno de los historiadores más importantes de la Alemania de su tiempo, sino también uno de los teóricos de la historia más influyentes en la tradición hermenéutica de las ciencias del espíritu. Discípulo de Hegel y maestro de Dilthey, Droysen elaboró una ¿histórica? (Historik) que pretendía exponer las leyes de la investigación y de los saberes históricos. La histórica de Droysen es dos cosas a la vez: una filosofía material de la historia y una metodología hermenéutica de la ciencia histórica (Ferraris. 2000. p. 67)

 

Ciertamente es característico de la narración el que ella expone las cosas históricas como un decurso, el que las hace surgir genéticamente ante el oído, del oyente y en cierto modo las hace nacer ante él. Pero es igualmente claro que narrando así la sucesión, para la que reconstruimos “mediante la investigación lo devenido y lo pasado, sólo buscamos imitar lo que nos aparece como devenir, y es una simple abstracción o un paralogismo el creer que mediante la investigación podemos haber llegado a un comienzo de lo devenido, tal modo que, por ejemplo, con Rómulo y Remo hubiéramos alcanzado el primer comienzo inmediato desde el que se inicia la poderosa historia de Roma.” (Droysen. 1983. p. 179)

 

Así ocurre con todos los fenómenos históricos. Están completamente fuera de la investigación histórica el llegar a un punto que, en sentido pleno y eminente, fuera del comienzo inmediato, hasta aquellos que colocamos como comienzo en relación con lo que ha devenido de allí. Tan sólo a partir de lo devenido encontramos, colocamos, el comienzo relativo.

 

Tener esto en cuenta es tan importante porque el tipo genético de la narración a partir de un comienzo induce siempre a pesar que se puede explicar históricamente lo devenido y su comienzo, y que se puede demostrar históricamente la necesidad de que haya devenido y por ello justamente tuvo que devenir así. Basta esta consideración para rechazar la falsa doctrina de la naturalidad, del presupuesto desarrollo orgánico de la historia. Lo que suele alabarse como natural, en otro caso, el sustrato meramente creatural. Había que adelantar las observaciones para evitar que no se dé a la interpretación sobre la que vamos a hablar una falsa significación. No interpretamos el presunto hecho histórico, por ejemplo la revolución de 1789, para deducir de él las circunstancias y condiciones que podrían desarrollarnos como su resultado necesario. Sino que interpretamos los materiales que tenemos a la vista para explorar en su dilucidación e interpretación, en la comprensión más intensamente posible lo que en ellos se puede conocer aun sobre los hechos de los que aquellos son testimonio. Nuestra interpretación es, “en cierto modo, un aflojar y un descomponer estos materiales que parecen secos y encogidos: con el arte de la interpretación queremos que vuelvan a moverse y a recuperar su lenguaje.” (Droysen. 1983. p. 180)

 

Comprendo el hablar de otro cuando estando frente a él percibirlo, capto el tono de su voz, la expresión de sus ojos, de su rostro entero, de sus gestos. Pues allí emerge la plena expresión se ser íntimo tal como está excitado, y su excitación me hace sentir con él lo que le ocurre. Así el me resulta completamente comprensible.” (Droysen. 1983. p. 179) De aquí resultan interesantes cuestionamientos por lo cual me permitiré hacer una contribución al aspecto que se maneja del lenguaje corporal en contribución a una ciencia especifica como la medicina, ya que las expresiones a las cuales se refiere Droysen son relevantes para hacer la correcta interpretación de lo que el paciente necesita y se manifiesta un síntoma, que podemos captar palpando y por las palabras que articula el paciente por lo cual es siguiente capítulo está dedicado a un estudio, que si bien necesita ser desarrollado a largo plazo, aquí se manejaran cuestiones precisas que nos pondrán en contexto.

 

* * *

 

De lo primero que se va a ocupar un médico que se interesa por la hermenéutica es del camino que en la evolución de las especies ha llevado hasta el habla. Tema que voy a permitirme dejar de lado por corresponder a la Antropología y a la Biología comparada. Recordaré tan solo que los australopitecos no tienen capacidad verbal importante y que en el hombre de Neanderthal falta la emisión de ciertos sonidos imprescindibles para el lenguaje humano. Las nuevas ideas sobre la evolución del lenguaje suponen un curioso proceso anatómico. “El descenso de la laringe y el cambio radical de la forma de la arcada dentaría son etapas imprescindibles. Se producen además otras modificaciones que van dando a la bóveda del paladar una mayor profundidad e inducen cambios en la lengua que en espacio amplio, adecuado a la resonancia de la voz, como ocurre en el interior de la catedral preparándola para la “canto litúrgico.” (Apuntes de Medicina)  

 

Todo esto no sería suficiente si no se produjesen en el hombre, a diferencia de lo que ocurre en los antropoides, modificaciones muy sutiles en los estructuras de las cuerdas vocales. Es interesante observar que las fibras musculares del corazón, cosa que agradará a los poetas. Cuando el enamorado da más fuerza a la expresión de sus sentimientos asegurando que sus palabras salen del corazón, no emplea una metáfora disparatada. “Músculos de la laringe y músculo cardiaco se parecen en la riqueza de su sarcoplasma y aunque éste ha sido tema muy debatido, los estudios hechos por Clauser con el microscopio eléctrico apoyan esta tesis de Goerttler vinculando histológicamente el corazón con nuestro aparato fonético.” (Volpi. 2005. p. 546)

 

También ha sido cuestión discutida el que la inervación de las cuerdas vocales guarde relación con los complicados mecanismos que sirven para inervar el músculo cardiaco. En cuanto a la posibilidad de hacer que los primates más desarrollados aprendan algo del lenguaje humano, hemos de ver que esto no se consigue más que en forma harto insuficiente por la imitación sonora. Para obtener algún resultado estimable es menester emplear los gestos, es decir, el lenguaje de los sordomudos.

 

*  *  *

 

Para instaurar la problemática de manera específica, nos adentraremos en  ejemplos que nos puedan situaren en el manejo de la medicina y la hermenéutica, en cuanto la relación y discrepancias de la misma. Nuestro primer recurso será los trabajos de Lilly con el lenguaje de los delfines. No voy a volver ahora sobre tan divulgado. Si he de señalar que la aptitud maravillosa de este grupo de mamíferos, ballenas y delfines, para una comunicación con otros seres, está íntimamente ligada al desarrollo cada vez más complejo de un órgano que, en principio, no parece tener que ver con el lenguaje que es la mano. “La posición del pie, induciendo un desarrollo extraordinario de la fina motilidad de la mano guarda biológicamente una secreta correspondencia con el lenguaje. Así, cuando hablamos metafóricamente de “manipulación” refiriéndonos a una influencia sobre nosotros semejantes con el lenguaje, estamos aludiendo con esa misteriosa sabiduría de la etimología a los vínculos arcaicos que ligan, desde el punto de vista anatómico y fisiológico, a los centros del lenguaje con la destreza manual.” (Ferraris. 2000. p. 70)  La mano y la laringe guardan misteriosa amistad que se remonta a millones de años y con la que se ha construido el mundo de la cultura.

 

Biólogos como Portman atribuyen el colapso súbito que sufre la evolución del lenguaje en los delfines al escaso desarrollo de sus aletas anteriores que son en ellos el equivalente de nuestras manos.

 

Por lo tanto uno se va dando cuenta de los miles de problemas que tales palabras evocan en nuestros recuerdos y como no puede ser mi propósito enfocarse en el punto de vista del biólogo, por ello he de limitarme a un tema muy concreto de la experiencia clínica. Todos sabemos que los problemas del lenguaje, en especial del lenguaje poético o del lenguaje literario, se agudizan cuando se pretende la traducción de un idioma a otro. Para el médico hay una “traducción” que es de importancia capital. ¿Cómo traduce el ser humano sus emociones en variantes de la innervación de sus vísceras?

 

Las perfeccionadísimas técnicas actuales nos permiten adherir a la piel de un paciente, durante las veinticuatro horas del día, un aparatillo que emite información que se registra a distancia y que refleja la frecuencia de los latidos cardiacos, las modificaciones de la tensión arterial e incluso el trazado electrocardiográfico.” (Ferraris. 2000. p. 72) Así podemos observar, por ejemplo, que una enfermera que a ello se presta y que padece hipertensión, aun cuando impávida nos relata que ha sido atacada por una enfermera durante la noche y que no ha sentido miedo alguno, los trazados gráficos nos enseñan que ha experimentado un ascenso muy considerable de su tensión arterial. El aparatillo registrador es mejor traductor de la intimidad de la enfermera que su lenguaje.

 

Muchas veces se ha hablado de la primera relación del niño con la madre en lo que se ha denominado “urdimbre constituyente”, que viene a representar una “segunda fase embrionaria”, como un segundo útero, un útero social, en los primeros tiempos de la vida. Una serie de trabajos nos indican que en esa primera fase el niño va construyendo lo que los médicos llaman “esquema corporal”. En el cual, de nuevo, la relación boca-mano es básica, primordial. “Los psicoanalistas primero y después los psicólogos, con fotografías tomadas a la milésima de segundo o con films, demuestran que a través de ese proceso misterioso que es el juego, el niño va convirtiendo sus primeras angustias en “símbolos” e incorporando así, mediante el mundo de los símbolos, su pequeño ser al mundo de los mayores, esto es la estructura social.” (Volpi. 2005. p. 548)

 

Paulatinamente se va constituyendo de esta suerte una dualidad de mundos, un mundo de dentro y un mundo de fuera y realizando ese aprendizaje, primordial para el hombre, de distinguir entre símbolos y objetos, entre signos y realidades. Es en el curso de este proceso de aprendizaje de los límites del propio ser del esquema corporal, de la mismidad incipiente y ya firme, donde va insertándose el aprendizaje de la lengua. Estudios de todo tipo, psicológicos y experimentales han documentado este proceso. Por de pronto, los médicos observan que todo este vasto mundo de emociones que fluye, calmo o tempestuoso, a lo largo de la vida del hombre nunca se convierte en su totalidad de símbolo o en palabra, ambos más o menos “neutros”. Las experiencias que hacemos con las terapéuticas por relajación muscular nos enseñan hasta qué extremos increíbles nuestros pensamientos y nuestras emociones tienen siempre un “lenguaje escondido”. Que determina hábitos de reacción, inveterados, tenaces, tanto en los vasos arteriales como en los músculos de las vísceras y en los propios sistemas de células que sirven para defendernos de los agentes nocivos. Esta es una de las bases de las llamada “patología psicosomática”, la insuficiencia de una traducción del lenguaje de las vísceras al lenguaje de los símbolos y de la palabra. Las primeras huellas de nuestra relación con los demás hombres son decisivas en la configuración de nuestra “aptitud traductora”, de nuestra capacidad para pasar de un lenguaje a otro. A fin de cuentas muchas enfermedades bien conocidas, por ejemplo, una esclerosis de las coronarias o un asma o una úlcera, tienen como uno de sus sustratos, junto, claro está, a otros factores, como base de su aparición una traducción defectuosa, de defecto en el acertado manejo del “lenguaje del cuerpo”.

 

Desde que uno se adentra a las cuestiones médicas se encuentra forzado a discurrir con los vericuetos del lenguaje. Reconozco que no es prudente hablar de enrevesadas cuestiones que, procedentes de las remotas comarcas de la Medicina, tengo la osadía de pensar que pueden interesar. El lenguaje es para los médicos su principal arma para averiguar la verdad de los enfermos, incluso la más  escondida, la que ellos mismos no conocen y además es un instrumento imprescindible para curarles. De manera muy curiosa, por mecanismos sutiles que sólo hoy empezamos a entrever.

 

Hace ya bastantes años se reunieron tres especialistas: un psicólogo, un sociólogo y un lingüista frente una cinta magnetofónica en la que se habían registrado los primeros cinco minutos de observación entre un médico y un enfermo. Incansablemente, durante muchas sesiones, con la colaboración de ayudantes y expertos pasan y repasan esta grabación. La analizan microscópicamente. Al cabo de muchos meses trasladan lo observado a un curioso libro. Curioso no sólo por su contenido, sino, además, por su inusitada estructura tipográfica. Sus páginas están seccionadas en la mitad por un corto horizontal. Quedan así “...como esas puertas llamadas holandesas que existen en casi todos los caseríos del norte de España,” (Droysen. 1983. p. 181) como una hoja superior e inferior  que se puede abrir y cerrar de manera independiente.

 

En la hoja superior se transcribe primero el texto de la frase que es ha dicho por cualquiera de los interlocutores, ante todo en caracteres corrientes, luego en reproducción fonética, tal como se pronuncia en el idioma de su procedencia. Por encima de estas dos líneas se registra n con signos convencionales los “elementos paralinguisticos” de ese lenguaje entre medico y enfermo. Pausas, suspiros, tonalidad de la voz, ritmo de la elocución, vacilaciones, énfasis, subrayado pedante de la expresión, agresividad velada, ansiedad, etc.

 

El resultado de este análisis microscópico es aleccionador, pero demasiado complejo para poder resumirlo en este lugar. De él se desprende que nuestro individualismo, que tiñe toda nuestra cultura, impregna también el vocabulario técnico, cualquiera que sea la cuestión que se disputa. Esto vuelve difícil la tarea de averiguar lo que transpira del intercambio comunicativo entre dos personas. Ansiedad y depresión, por ejemplo, términos que giran alrededor de esa situación del hombre como ser aislado; en la relación con el otro aparecen términos como hostilidad, miedo o amor. Los esfuerzos de interpretación tienden a degenerar en una serie oscilante de afirmaciones sobre cada uno de los participantes.

 

El texto que sirve para el análisis reproduce las frases más triviales del primer encuentro entre el médico y un enfermo. ¿Quiere usted sentarse? ¿Qué es lo que le trae por aquí?, etc. Pero el análisis insistente, tenaz, realizado por varios equipos, del que yo ahora llamaría “estrato fisionómico” del lenguaje y que los autores califican de zona paralinguistica, suministra una ubérrima cosecha de datos. El colorido emocional de los fonemas, su tonalidad, las pausas, vacilaciones, suspiros, etc, además de enmarcar, como ya dije, al sujeto dentro de una cultura determinada, nos muestran de manera “microscópica” unas pulsiones profundas de ansiedad, de depresión, de agresividad latente, d confianza o de desesperación.

 

Quizá hoy habría que modificar algunas de las conclusiones que entonces sacaron los autores de este estudios que son: Pittenger y Danehey y por el profesor de lingüística y antropología Charles F. Hockett. Pero continua siendo válido que todo lo que el hombre comunica sobres sí mismo o sobre los demás concierne a sus problemas más profundos y no sólo a la situación actual. Observemos que en este nivel fisonómico de la comunicación no rige el principio de contradicción. Como vamos a ver en seguida que ocurre con el que hoy se llama “lenguaje de hemisferio cerebral no dominante”. Es decir, se demuestra que el enfermo en este profundo plano, puede sentir al mismo tiempo amor y aversión por su prójimo a profesar ideas que en el lenguaje superficial serian incompatibles o antagónicas.

 

En este plano paralingüístico el individuo siempre expresa sus actitudes profundas hacia el prójimo, su necesidad de estima, de autoafirmación, de poder, su miedo a la inseguridad. Ya desde sus primeras palabras se manifiesta en él, cuando se hace el análisis fonético de todo ese “halo” que acompaña al lenguaje y que el psiquiatra Kretschmer denomino con acierto “esfera”, ese anhelo profundo a revivir la protección primera y que los profesionales del psicoanálisis han estudiado con gran virtuosismo como transferencia efectiva.

 

Este trabajo de Pittenger y de sus colaboradores olvidado por razones muy curiosas y en las que no voy a entrar, quizá por la boga de lo que se llama textualismo que niega en el lenguaje todo el poder de lo inefable, podría ser sometido a diversas lecturas.

 

Limitándome al campo estrictamente médico anticipare, pues he de volver sobre ello, al estudio del lenguaje médico recibe en la actualidad, tras más de un cuarto de siglo, de los siguientes campos de la investigación.

 

En primer lugar el enfoque nuevo es el que nace del énfasis actual sobre la llamada “asimetría funcional del cerebro” que nos explica la vigencia constante de estas capas fisonómicas de todo diálogo. En segundo término el conocimiento, gracias a los modernos estudios de psiconeurobiología de lo que podíamos llamar “pluralidad de conciencias”, esto es, del hecho de qué aun en el lenguaje y en la actividad más cotidiana y vulgar están funcionando en muchas ocasiones no una sola forma de conciencia, sino otras, las denominadas por los especialistas “formas discretamente alteradas de la conciencia. (Ferraris. 2000. p. 82)

 

Pienso que el estudio de esta temática de para más. Es curioso que la intervención de las maquinas en el lenguaje humano, en lugar de empobrecerlo como se temía, haya despertado, por decirlo así por reacción, un viejísimo saber: el de la riqueza inmensa de los estratos profundos de la lengua.

 

No se trata en estas cuestiones de temas teóricos, sino que también gran importancia en la clínica. Hay especialistas del corazón que pretenden que un análisis fonológico de una cinta en la que se ha grabado el lenguaje del enfermo puede tener tanta utilidad como el electrocardiograma para avisarnos del riesgo que este tiene de sufrir a breve plazo un nuevo infarto de miocardio. Son experiencias todavía en sus inicios, pero que algún día demostraran en la clínica en función de la hermenéutica su gran utilidad.

 

 

Bibliografía

 

Droysen. J. Gustav. HISTORICA: Lecciones sobre la Enciclopedia y metodología de la historia. Editorial Alfa. Barcelona España. 1983.

 

Volpi. Franco. Enciclopedia de obras de Filosofía. Vol. 1 A-G. Editorial Herder. Barcelona España. 2005.

 

Ferraris. Mauricio. Historia de la Hermenéutica. Traducción de Jorge Pérez. Editorial Akal. México. 2000.

 

Apuntes de la Faculta de Medicina, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Área de Neurología

 

 

 

 

 

Estado de ánimo: hermenétivo

Escuchando: Radio BUAP

 

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